Propuesta 31. ¡La Patria Grande!

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Profundizar la integración regional, el uso de los mecanismos regionales de financiamiento del desarrollo productivo, la Nueva Arquitectura Financiera Regional y la cooperación Sur-Sur.

El Ecuador promueve los procesos de construcción regional según los principios del nuevo regionalismo latinoamericano, que recupera el rol de la sociedad y del Estado por sobre el mercado. El objetivo fundamental es generar un espacio de decisión latinoamericano, autónomo y autosuficiente, con mayor poder de negociación colectivo, contrapuesto a la desregulación promovida desde los centros de poder global. Esto dotará a la región de los mecanismos políticos, comerciales y financieros adecuados para estimular el desarrollo de los pueblos de nuestra América; aumentará la cohesión económica y social, y fortalecerá la institucionalidad democrática y la capacidad de resolver conflictos de forma pacífica. La región ha reconocido el liderazgo y la iniciativa del Ecuador como impulsor de la unidad regional y le ha otorgado a Quito la sede de la UNASUR.

Se ha iniciado la transformación del servicio exterior ecuatoriano. Hemos rechazado los paradigmas y los instrumentos neocolonialistas. Los funcionarios públicos ahora sirven al interés nacional y no a modas ni agendas de los países hegemónicos.

Los avances en la construcción de esta institucionalidad latinoamericana se han materializado en la consolidación de organismos como la UNASUR y el ALBA, que además de servir como esquemas de coordinación política, son mecanismos de integración regional fuertes, operativos y dinámicos;   además de auténticos polos de generación de interdependencias sociales, políticas, comerciales, financieras y económicas entre sus miembros. Este es uno de los objetivos fundamentales de la política exterior ecuatoriana, cuya concreción limitará la imposición de políticas y modelos que favorecen a los poderosos. El reto es que estas instituciones consoliden una posición de bloque en organismos globales e interamericanos como las Naciones Unidas, la Organización Mundial de Comercio (OMC), la Organización Mundial de Propiedad Intelectual (OMPI), el Fondo Monetario Internacional (FMI) o la Organización de Estados Americanos (OEA).

En el ámbito de los organismos de integración regional surgen y se consolidan iniciativas de la Nueva Arquitectura Financiera Regional.  El Banco del Sur se configurará como una herramienta fundamental para fomentar la inversión productiva en nuestra región. El Fondo del Sur aparecerá como un fondo de soberanía monetaria regional de apoyo a los países de la región, para que inviertan los cientos de millones de dólares que ahora se encuentran depositados en las economías del Norte. El Fondo del Sur funcionará como alternativa a los fondos condicionados de las instituciones financieras internacionales. Por último, el Sistema de Compensación Regional de Pagos (SUCRE) contribuirá a eliminar la dependencia de una moneda extrarregional en el ámbito del comercio regional.

Buscamos que el Banco del Sur sea el ente promotor de la inversión en desarrollo de la UNASUR  que reoriente el gigantesco ahorro financiero de la región. Un objetivo central es que financie iniciativas concretas que fortalezcan los vínculos de integración regional, de acuerdo a las cinco soberanías plasmadas en el Convenio Constitutivo del Banco del Sur: soberanía alimentaria, soberanía de la salud, soberanía del conocimiento, soberanía energética y soberanía  de los recursos naturales. En concreto, impulsar proyectos productivos de envergadura regional como un sistema ferroviario grannacional, la creación de empresas grannacionales (públicas o mixtas) para proyectos conjuntos, privilegiar las compras públicas intrarregionales y coordinar la demanda y la oferta en ámbitos intergubernamentales.

Como elemento fundamental del nuevo marco de relaciones entre estados soberanos que el Ecuador propugna se encuentra una agenda de cooperación internacional basada en la solidaridad, en la disposición a compartir experiencias exitosas y en el acercamiento entre países del Sur. El Ecuador, por primera vez en la historia, no sólo es receptor de la ayuda internacional, sino que también ofrece cooperación a pueblos y países hermanos. Una ayuda solidaria, comprometida con el desarrollo, respetuosa de la soberanía nacional de los países. La solidaridad es para el Ecuador un eje central de una nueva cooperación internacional antiimperialista.

LINEAS DE ACCIÓN

• Impulsar la institucionalización del ALBA y la UNASUR como espacios de convergencia política, social y económica para la construcción de un mundo multipolar. Trabajar para que estas instituciones superen la lógica de “integración de mercados” y que continúen caminando hacia una integración estratégica en todo ámbito: social, económica, política, cultural, etc.

• Consolidar la CELAC como una institución que esté en capacidad de intensificar la cooperación, la concertación e integración regional e incrementar el poder negociador de sus miembros ante terceros, en los espacios multilaterales y otros escenarios internacionales.

• Avanzar en la seguridad financiera, soberanía monetaria y cambiaria regional impulsando la consolidación de la Nueva Arquitectura Financiera Regional en sus tres elementos básicos: un banco de desarrollo, un sistema regional de pagos y un fondo de reservas regional común. Incorporar a más socios a iniciativas regionales en marcha como el Sistema Unitario de Compensación Regional (SUCRE) y el Banco del Sur. Desvincular el Convenio de Créditos Recíprocos de la ALADI del uso de divisas extrarregionales, fortaleciendo así las divisas locales y reduciendo costes de transacción.

• Poner en operación el Banco del Sur. Comenzar a implementar proyectos regionales grannacionales financiados por el Banco del Sur.

• Acordar mecanismos efectivos de integración económica, mediante la coordinación de la demanda de las compras públicas y de preferencia de los bienes y servicios intrarregionales.

• Promover la complementariedad productiva mediante encadenamientos definidos por empresas públicas grannacionales,  estableciendo mecanismos efectivos de coordinación para ese fin con el sector privado.

• Promover espacios institucionalizados de diálogo, coordinación y cooperación en múltiples esferas, particularmente la financiero-monetaria, la científico-tecnológica, la defensa del patrimonio natural y cultural, la soberanía alimentaria y energética, la colaboración en programas sociales y de infraestructura.

• Establecer una mayor coordinación regional para el tratamiento a la inversión extranjera, así como para instituir mecanismos coordinados de control a las empresas transnacionales, con mecanismos alternativos de solución de controversias, y de regulación a los flujos financieros, especialmente los de carácter especulativo. Evitar la erosión de las potestades estatales mediante la competencia entre países y propender a la cooperación entre vecinos.

• Impulsar acuerdos internacionales y políticas nacionales que aseguren que los recursos de cooperación provenientes de la empresa privada nacional e internacional, así como aquellos canalizados por organizaciones no gubernamentales, contribuyan a los objetivos de desarrollo nacional.

• Continuar con la transformación del servicio exterior, creativo y crítico, alineado con la Constitución.

• Fomentar nuevos modelos de gestión de la Cooperación Internacional, en especial los Programas de Apoyo Presupuestario, la Cooperación Triangular, la Cooperación Sur–Sur, y la Cooperación Descentralizada. En ese ámbito, promover el fortalecimiento de una agenda regional de integración y de cooperación latinoamericana y caribeña, y de relacionamiento y cooperación de la región con países africanos y demás países del Sur.

• Impulsar los siguientes temas prioritarios para la gestión de la Cooperación Internacional en el Ecuador: desarrollo humano, desarrollo científico-tecnológico, desarrollo de capacidades productivas para micro, pequeñas y medianas empresas, medio ambiente y cambio climático, así como para emergencias y desastres. Como ejes transversales, se deberá considerar la acción positiva de género, identificación étnico-cultural y capacidades diferentes.

• Impulsar mecanismos de financiación alternativa a las donaciones bilaterales voluntarias que permitan implementar las operaciones de la agenda de cooperación para el desarrollo del Sistema de las Naciones Unidas, con el fin de eliminar la dependencia de sus programas a intereses políticos de países donantes.

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